Pocos géneros del hobby moderno tienen tan mala fama entre los recién llegados como los wargames. Basta con ver una foto de una partida de un simulador histórico clásico —el tablero cubierto de hexágonos, decenas de fichas de cartón apiladas y un reglamento que pesa más que la propia caja— para que cualquiera decida quedarse con su eurogame de toda la vida. Sin embargo, en las últimas dos décadas ha surgido toda una generación de wargames ligeros, diseñados específicamente para bajar esa barrera de entrada sin renunciar a lo que hace interesante al género: la toma de decisiones tácticas dentro de un enfrentamiento militar. Esta guía repasa qué es exactamente un wargame y qué títulos modernos sirven como mejor puerta de entrada.
Qué es un wargame
Un wargame es un juego de mesa que simula un conflicto militar, real o ficticio, desde la escala de una escaramuza con un puñado de soldados hasta una guerra continental con ejércitos completos. A diferencia de un eurogame o de un juego de tablero temático genérico, aquí la ambientación no es decorativa: el mapa suele representar un terreno concreto —a menudo dividido en hexágonos o en zonas conectadas entre sí—, las piezas —fichas de cartón, bloques de madera o miniaturas— representan unidades militares con capacidades distintas, y el motor del juego combina movimiento, línea de visión y resolución de combate, normalmente mediante dados o tablas de resultados. El objetivo casi siempre es el mismo que en un conflicto real: controlar territorio, destruir al enemigo o cumplir una serie de objetivos antes que el rival.
Por qué los wargames imponen tanto respeto a los novatos
La reputación de «juego complicado» que arrastran los wargames no es del todo injusta: viene sobre todo de los diseños clásicos de la edad dorada del género, entre los años setenta y noventa, cuando estudios como Avalon Hill o SPI publicaban simuladores con reglamentos de decenas de páginas, cientos de fichas por bando y sesiones que podían alargarse durante varias tardes. A eso se suma un vocabulario propio —zona de control, factor de combate, tabla de resultados, límite de apilamiento— que puede resultar intimidante la primera vez que se abre una caja. El resultado es un género que, durante mucho tiempo, ha quedado reservado a un público muy específico de aficionados a la historia militar. La buena noticia es que esa complejidad nunca fue obligatoria: es una elección de diseño, y hoy existen alternativas mucho más ligeras. Si vienes del mundo de la estrategia general y quieres dar el salto de forma progresiva, nuestra guía de juegos de estrategia para novatos es un buen punto de partida antes de mojarte con la temática bélica.
Wargames modernos ligeros para empezar
Ninguno de estos títulos exige conocimientos previos de historia militar ni sesiones maratonianas. Todos se pueden aprender en menos de quince minutos y sirven como primer contacto real con las mecánicas del género.
Memoir ’44 y Commands & Colors: Ancients
Diseñados por Richard Borg, estos dos juegos comparten un mismo sistema —conocido como Commands & Colors— que se ha convertido en la referencia obligada para quien quiere iniciarse en los wargames de tablero. Memoir ’44 (2004, Days of Wonder) recrea batallas de la Segunda Guerra Mundial con figuras de plástico sobre un tablero hexagonal; Commands & Colors: Ancients hace lo propio con la guerra en la Antigüedad. En ambos, cada jugador dispone de cartas que le permiten ordenar solo a una sección de su línea de batalla, y el combate se resuelve lanzando dados especiales en lugar de consultar tablas. El reglamento cabe en pocas páginas y una partida completa dura entre 30 y 60 minutos.
Undaunted: Normandy
Undaunted: Normandy (2019, Osprey Games), de David Thompson y Trevor Benjamin, combina el wargame con la construcción de mazos al estilo Dominion: cada bando gestiona un mazo de cartas que representa a sus unidades y su moral, y lo va reforzando o perdiendo según avanza la campaña. El mapa es un tablero hexagonal con niebla de guerra —las unidades enemigas fuera de la línea de visión permanecen ocultas—, lo que añade tensión sin necesidad de reglas complejas. Es, probablemente, uno de los wargames más recomendados para un primer contacto, y ha dado pie a una serie con entregas ambientadas en el norte de África, Stalingrado o la batalla de Inglaterra.
War Chest
War Chest (2018, Alderac Entertainment Group) se sitúa justo en la frontera entre el abstracto de estrategia y el wargame: no representa ninguna batalla histórica concreta, pero sí incorpora los elementos clave del género —zonas de control, unidades con capacidades distintas, refuerzos limitados— sobre un tablero hexagonal. Cada jugador construye su ejército extrayendo fichas de una bolsa, lo que introduce un componente de gestión de recursos aleatorio pero controlable. Con partidas de 30 a 45 minutos y un aspecto visual mucho menos denso que un wargame tradicional, funciona como puente perfecto para quien viene del mundo de los abstractos.
1775: Rebellion
1775: Rebellion (2013, Academy Games) forma parte de la serie «Birth of America» y es uno de los wargames de bloques más accesibles del mercado. Cada unidad es un bloque de madera colocado boca abajo, de forma que su fuerza real permanece oculta para el rival hasta el momento del combate. El sistema de movimiento por áreas, en lugar de hexágonos individuales, simplifica bastante la logística respecto a un wargame clásico, y la ambientación en la Guerra de la Independencia estadounidense aporta contexto histórico sin necesidad de memorizar reglamentos extensos.
Cómo dar el siguiente paso
Una vez superados estos títulos, el salto natural suele ir hacia diseños con algo más de fricción: Commands & Colors: Napoleonics para quien quiera profundizar en el mismo sistema con otra época histórica, Sekigahara para introducirse en la guerra en el Japón feudal con mazos de cartas en lugar de dados, o los wargames dirigidos por cartas de la serie COIN de GMT Games, centrados en conflictos de contrainsurgencia moderna. La clave, como en cualquier género con fama de exigente, está en subir la dificultad de forma gradual en lugar de empezar directamente por el simulador más denso de la estantería.

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